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¿Cómo disfrutar del vino en verano?
Jul 9, 2021

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wineblog

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Ante las altas temperaturas malagueñas (aunque suavizadas por la cercanía a la Serranía de Ronda), buscamos la mejor forma de disfrutar del vino a pesar del verano, sin perder su calidad ni esencia.

Localizar la manera de que se expriman al máximo sus mejores características y maridarlo sabiendo que cada botella que se ha descorchado se ha disfrutado en su esencia más elevada.

                           

La temperatura del vino

 

Las altas temperaturas del verano no han de ser la nota que marque la temperatura a la que sirve el vino, pero sí que esta varíe uno o dos grados. Cuanto más caliente está un vino (hacia los 20ºC), más aromático será, y viceversa. Pero también más alcohólico, más pesado y empalagoso. En contra, el frío enmascara los aromas y acentúa la percepción de la acidez y los taninos. Demasiado frío puede hacer que el vino parezca duro y austero.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta el tipo de vino que vamos a servir por lo que su temperatura deberá ir ajustada a su tipología, y más en verano.

De un vino blanco y seco se busca la acidez y la frescura, por tanto, hay que servirlo fresco, incluso frío. De un vino intenso y especiado se pretende suavizar sus taninos y realzar su redondez. Lo ideal entonces es servir estos últimos a temperatura ambiente, sin superar los 17 – 18ºC. Pero en verano está más que justificado servir un tinto un par de grados menos que lo marcado.

En resumen, la temperatura ideal para el vino blanco o rosado en verano es de 8ºC; de un espumoso es de unos 6 – 7ºC; los vinos dulces, los finos y las manzanillas pueden ser servidos a 4 – 5ºC; los generosos a 12ºC y los tintos si son jóvenes a 14ºC, si tienen crianza a unos 16ºC.

Qué vino elegir    

 

El verano induce a decantarse por vinos más frescos y jóvenes, que podamos servir más fríos de lo habitual, incluso echarles un hielo) y que así se disfruten aún más. La época estival contribuye a que se elijan blancos jóvenes o secos que siempre acompañarán mejor una comida como una paella. Un rosado semiseco servido bien frío también armonizará a la perfección con una barbacoa de verduras y marisco, por ejemplo, aunque según qué rosado también puede acompañar sin problema a una carne roja. Los platos salados por su parte van muy bien con vinos dulces, independientemente de que sean blancos o tintos.

 

Qué más importa cuando bebes vino en verano

 

En verano es ideal elegir vinos que no sean tan alcohólicos, entre otros motivos, porque la graduación alcohólica elevada favorece la deshidratación. Al tiempo, es bueno acompañar las botellas de vino con otras de agua para ir alternando si notamos la sensación de deshidratación.

La acidez del vino también es destacable. Es lo que hará no solo que nos refresque, sino que será la columna vertebral del maridaje que elijamos, por eso se suelen optar siempre en primer lugar por opciones de vino blanco. Además, un vino blanco sin acidez es un vino sin vida.

El vino ya sabes cómo beberlo para aprovechar todas sus cualidades, ahora el maridaje lo eliges tú.